SÁBADO 18
SEPTIEMBRE

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"Nada que un humano imagine es imposible", por Antonio Las Heras


Ninguna cosa que un ser humano esté en condiciones de imaginar ha de resultarle imposible transformar en realidad concreta. Obvio que, a veces, lleva más tiempo que lo esperado, lo anhelado o lo deseado. Y requiere decisión, esfuerzo, perseverancia, planificación adecuada. Mas todo cuanto uno pueda crear en la mente es dable de ser realizado.

La idea de imposibilidad surge, en verdad, de un errado análisis de las situaciones o, lo que suele ser más frecuente, de no encontrarse dispuesto a cumplir con las necesidades que realizar los sueños conlleva. Bien decía Emerson que “la confianza en uno mismo es el primer secreto del éxito.”

Por la sola causa de haber imaginado algo, ese hecho ya se encuentra en algún sitio – en el más importante, sin el cual nada puede iniciarse – que es la mente humana. De allí en más sólo resta ponerlo en el mundo exterior. Según aquello que se trate requerirá o no conseguir la ayuda de otros.

Lo cierto es que nada es imposible una vez que se ha iniciado la tarea de concretarlo. A este respecto tiene sentido traer aquí el recuerdo de Neil Amstrong – primera persona en pisar la superficie lunar – quien afirmó que, a su juicio, lo más trascendente de aquella caminata había sido demostrar – una vez más – que todo empeño que el humano pone para conseguir algo termina por concretarse, que no hay empresa que sea imposible de realizar.

Todo es posible. Pero, claro, una cosa es que sea posible y otra muy distinta es que sea fácil. En verdad, fácil es sinónimo de pérdida. Fácil es la bajada en caída tras el esfuerzo requerido para llegar a la cumbre. Por esto, ningún ascenso, crecimiento o evolución puede caratularse como fácil.
Puede tratarse de algo sencillo o complejo. Fácil, nunca. Tampoco gratuito. Toda creación implica inversiones. Y no nos referimos al dinero solamente. Ese es un aspecto. Llevar lo imaginado a la realidad requiere inversión de tiempo, dedicación, pensamiento racional y creativo, capacidad de planificación y unos cuántos ítems más.

“Un camino de mil kilómetros comienza con el primer paso”, afirma un ancestral proverbio chino. Y esto es muy verdadero. Pero ese “primer paso” requiere – de por sí – el elemento imprescindible para cualquier logro. Es la toma de decisión.
Decidirse significa estar convencido – firmemente convencido – de que se está dispuesto a hacer los esfuerzos necesarios para llegar a la meta buscada. Y cuando decimos “firmemente convencido” queremos expresar con esto que no alcanza con una decisión mental – producto exclusivo de mecanismos del pensamiento – sino que es menester tener una convicción íntima, emocional, pasional. Por eso puede sostenerse que el camino para convertir lo imposible en realización concreta requiere de personas capaces para sentir, pensar y actuar en la misma dirección.

Después de ese “primer paso” el resto consiste en una adecuada perseverancia. No es solamente insistir en algo. Porque tal reiteración puede sostenerse en alguna premisa equivocada. Lo que significa que, antes del empeño hay que tener en claro cómo se debe proceder para andar por los senderos que llevan a la concreción de lo deseado. Una adecuada planificación. Y esto resulta válido para todo (ya sean grandes o pequeñas metas) y a todos los humanos, de todos los tiempos y culturas.

No se trata aquí ni de hacer sacrificios, ni de atravesar sufrimientos. En lugar de eso, nos referimos a esfuerzos con un sentido claro y pensamientos simples. Que las cosas no sean fáciles no implica que, necesariamente, tengan que hacerse difíciles. Es más, en la mayoría de las situaciones lo que trasunta como difícil es algo que se está apreciando erróneamente. Tras iluminarlo de la manera adecuada aparecerá como una sucesión de pasos simples que, por supuesto, siempre requerirán esfuerzo.

La aceptación del esfuerzo – sobre todo del esfuerzo permanente y continuo – es otro de los pilares para el logro de aquello que – a primera vista – aparece como imposible.

A su vez esfuerzo y perseverancia se conjugan con la pasión puesta en el trabajo para diluir la sensación de abatimiento, desgano o insatisfacción que habrá de surgir cada vez que se comprenda que el camino elegido no era el acertado. En estos casos lo único que es dable hacer es rectificar el rumbo, recuperar energías y empezar la búsqueda de una nueva ruta diferente a la ya recorrida. No hay que temerle al error, ni al fracaso; si algo define al ser humano es que la única ambición no válida es la de infalible. Como personas, somos falibles por naturaleza. Pero también como somos la única especie en la Tierra capaz de creaciones. Como bien ha escrito el filósofo y antropólogo argentino ya fallecido Luis Fernando Rivera: “Allí donde hay búsqueda está el hombre, donde la búsqueda cesa, perime el hombre”.

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, filósofo, parapsicólogo y escritor. e mail: alasheras@hotmail.com








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