DOMINGO 28
FEBRERO

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"La nube"

Les acercamos una colaboración literaria de Norberto Pannone


Esa mañana, cuando todo parecía estar en paz, se desató la lluvia con violencia. Era de tal magnitud, que llamó la atención de todos los habitantes del pueblo. Nunca había llovido con tanta intensidad. La gente se agolpó en las ventanas para ver aquel prodigio. A la distancia, hacía el punto que se mirara, no había ninguna tormenta ni otras nubes. El aguacero, provenía de un gran nubarrón que estaba estacionado sobre el lugar.
Un par de viejos que fumaban sentados debajo de una galería, conversaban parsimoniosamente con las pausas lógicas de la edad. Después de algún silencio, uno de ellos dijo:
-Cuando llueve y el agua al caer, forma “globitos”, seguro que lloverá en abundancia y por largo rato…
-Así dicen... -respondió el otro, bostezando para para matizar el aburrimiento.
Llovió todo ese día y todo el día siguiente. Toda la semana. Luego, dos semanas más sin parar. Entonces la gente, muy alarmada, con el agua hasta la cintura y enormes paraguas sobre sus cabezas, se reunió en la plaza para rezar, pidiendo al Altísimo que acabara con aquel fenómeno que, sin dudas, arrasaría con todo.
Corrían rumores de que aquella lluvia no era otra cosa que un diluvio, pero local. La población estaba muy temerosa e inquieta. A consecuencia de aquella invocación religiosa y dado el clamor general, aquellas desesperadas rogativas llegaron hasta el cielo y Dios quiso saber de qué se trataba. San Pedro, siempre vigilante y solícito ante las demandas del Padre Eterno, le explicó que se había roto una nube y que no paraba de hacer caer agua sobre aquel pueblo. Entonces, Dios mandó a cuatro ángeles para solucionar el desperfecto de la nube, pero, al poco tiempo, regresaron abrumados por el fracaso: no habían podido arreglar la rotura de la nube. Molesto por aquel inconveniente, Dios sacó la nube de allí y la arrojó en un rincón del paraíso donde se guardaban los trastos viejos, hasta tanto encontrara a alguien que la reparara.
Por supuesto, en aquel pueblo, dejó de llover por algunos años y ante tanta sequía, Dios no tuvo más remedio que mandar a subsanar la rotura
de la nube y, mientras los ángeles encargados de la Secretaría de Agua y Energía, dependiente del Ministerio de Hidráulica, estaban abocados a la reparación, mandó un temporal para aliviar a los pobres habitantes del pueblo.
El temporal duró veinte días seguidos porque San Pedro, que se hallaba de vacaciones, no había podido explicarle a Dios que veinte días eran demasiado tiempo en la vida del hombre
Los pobladores, se volvieron a reunir en la plaza y rezaron hasta que Dios fue avisado del problema. De manera que retiró el temporal y, como había llovido tanto, descartó la reparación de la nube a fin de enviar a sus ángeles hacia otra comarca. En consecuencia, tuvieron dos años más de sequía.
Al tercer año, acaeció la muerte del viejo Santillán, herrero, fontanero y molinero de la zona y, como era una persona de bien y muy querida, partió de inmediato hacia el cielo sin que nadie pusiera objeción alguna. Al llegar, después de recorrer varias etapas a causa del flagelo de la burocracia, el viejo reparador de molinos cumplió con todos los trámites de admisión, y entró al cielo.
San Pedro, leyó el currículum y descubrió que el pobre viejo nunca había sido “demasiado” creyente y que fue, lo que se dice: “un hombre de poca fe”, entonces, para hacerlo rabiar y a modo de castigo, lo mandó a trabajar al predio destinado como depósito de los cacharros viejos para que se “ablandara” un poco.
Santillán, hombre curioso y hacendoso, se puso a trabajar de inmediato para ordenar aquel caos inimaginable. Fue cuando encontró la nube y la reparó, descubriendo que el problema consistía en una simple válvula de retención en mal estado.
Ahora, en el pueblo, a veces llueve y a veces no.

Norberto Pannone es poeta, escritor y presidente de Asolapo Argentina y Director de Organización Internacional de ASOLAPO (Asociación Latinoamericana de poetas, escritores y artistas.) Este texto forma parte de su libro “Cuentos invernales.” E mail: norbertopannone@gmail.com




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